El Perú Virreinal se hacía más complejo, como complejos eran sus componentes sociales y la difícil interacción entre ellos, los diferentes gobernantes tuvieron que tomar diferentes medidas para reforzar la estructura del sistema colonial en el aspecto policial. El Virrey Antonio de Mendoza (1551-1552), tuvo que intervenir con una Guardia de Alabarderos  para asegurar el orden entre los habitantes de la ciudad, lo que no sería óbice para que el Virrey Conde de Nieva (1561-1564), muriera asesinado por sus correrías amorosas. El campo siempre infestado por cimarrones y bandoleros, era la constante preocupación de los virreyes, mantener a la Santa Hermandad no era siempre posible, de allí que Cuerpos de Milicias como los Dragones constituyeron las Partidas de Campo para el ejercicio de la función policial en el contiguo y ajeno ámbito rural peruano colonial. Por otro lado la incidencia del contrabando ameritó  medidas policiales a fin de evitar sus nefastas consecuencias para con el sistema comercial y productivo del Virreinato.

El cambio de dinastía en la Metrópoli, de la austriaca Habsburgo a la francesa de los Borbón, trajo consigo un nuevo criterio administrativo, se buscaba robustecer el aparato político y administrativo colonial para encarar a una serie de adversas condiciones sociales y económicas que entre otras cosas, agravaron la incidencia del cimarronaje y el bandolerismo, como la propensión a las revueltas por parte de la población indígena afectadas por las crisis y las nuevas medidas adoptadas para capear la difícil situación, mientras que las contradicciones sociales experimentadas en las ciudades coloniales sobre todo en la plebe urbana, trajo consigo una mayor incidencia de la delincuencia. El Virrey Manuel Amat y Junient  (1761-1776), ordenó en 1762 que a diario, desde las 10 de la noche, se hiciera una ronda en la ciudad turnándose los Alcaldes del Crimen. En 1767 dividió la ciudad en barrios o cuarteles, para su mayor cuidado y vigilancia nombrando un Alcalde o Comisario para cada uno, origen de las actuales jurisdicciones policiales y del título que ostentaban los Oficiales que las comandaban.

En el mismo año de 1767 establece el alumbrado público mediante faroles sostenidos por el vecindario, como otra medida preventiva dirigida a terminar con las sombras que amparaban a los delincuentes. En 1771 publica un bando y forma un cuerpo policial para las rondas nocturnas. Las  innovaciones en materia policial continuaron con el Virrey  Teodoro de Croix (1784-1790), quien en 1785 y a consejo del Visitador General y ex - Consejero de Indias Jorge Escobedo y Alarcón, elaboró una nueva “División de Cuarteles y Barrios, además de dar las instrucciones pertinentes para el establecimiento de Alcaldes de Barrio en la Ciudad de Lima. En 1786 se emite  “Nuevo Reglamento de Policía, agregado a la Instrucción de Alcaldes de Barrio”, para nombrar al primer funcionario policial en 1790, desde la estructura del estado colonial, el “Teniente de Policía”, cargo asumido por Joseph María de Egaña, el mismo que formuló  el primer cuadro demostrativo de la población de Lima para su mejor control y servicio.

El ejercicio de la función policial entraba en una etapa eminente estatal, dejando de lado cualquier injerencia en dicha responsabilidad a los gobiernos locales. esta tendencia fue continuada por el virrey Gabriel de Avilés  (1801 - 1806) quien mandó establecer un servicio nocturno de “serenos”, efectuándose el primer ensayo en el barrio de Monserrate. A estas alturas, bandoleros y revueltas de corte separatista se iban acentuando, en medio de una aguda crisis económica. La plebe urbana protagonizaba con mayor frecuencia los actos de violencia y los delitos. La respuesta del sistema colonial fue la de militarizar a la sociedad, incrementándose el ejército realista con cuerpos de milicias que mantuvieron el orden y la seguridad en el campo y en la ciudad, además de ser una medida aleccionadora para los muchos desocupados que por entonces había.

La experiencia de la seguridad nocturna que daban los serenos sería tomada por el Virrey José Fernando de Abascal (1806  1816), quien mejoró y aumentó el “Cuerpo de Serenos”, generalizando su servicio a toda la ciudad y dictando su respectivo reglamento para también crear un servicio diurno a cargo de celadores. Las milicias mencionadas le permitirían enfrentar el temporal separatista que comenzaba a venir auspiciado por la irrupción de Napoleón en la Metrópoli y la temporal supresión de la Casa Real gobernante. Las conspiraciones no se dejaron de esperar, si bien el triunfo de los liberales suprimió la Inquisición la cual se había constituido en una suerte de policía política, cubrió su ausencia organizando para sí una especie de Policía Secreta que le permitiera conjurar los peligros para el Orden Colonial.

Ya en el ocaso del virreinato y con la expedición sanmartiniana a punto de desembarcar en las costas peruanas, el Virrey Joaquín de la Pezuela (1816 - 1821) estableció una especie de guardia urbana, a la que se denominó Reunión de fidelidad y literatura a fin de mantener el orden en medio de la incertidumbre política del momento, esfuerzo que acompañó  del respectivo bando de gobierno como de instrucciones precisas para el accionar de los Alcaldes de Barrio.

 

 

 

 

 

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