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El cambio de dinastía en la Metrópoli, de la austriaca Habsburgo a la francesa de los Borbón, trajo consigo un nuevo criterio administrativo, se buscaba robustecer el aparato político y administrativo colonial para encarar a una serie de adversas condiciones sociales y económicas que entre otras cosas, agravaron la incidencia del cimarronaje y el bandolerismo, como la propensión a las revueltas por parte de la población indígena afectadas por las crisis y las nuevas medidas adoptadas para capear la difícil situación, mientras que las contradicciones sociales experimentadas en las ciudades coloniales sobre todo en la plebe urbana, trajo consigo una mayor incidencia de la delincuencia. El Virrey Manuel Amat y Junient (1761-1776), ordenó en 1762 que a diario, desde las 10 de la noche, se hiciera una ronda en la ciudad turnándose los Alcaldes del Crimen. En 1767 dividió la ciudad en barrios o cuarteles, para su mayor cuidado y vigilancia nombrando un Alcalde o Comisario para cada uno, origen de las actuales jurisdicciones policiales y del título que ostentaban los Oficiales que las comandaban.
El
ejercicio de la función policial entraba en una etapa eminente estatal,
dejando de lado cualquier injerencia en dicha responsabilidad a los
gobiernos locales. esta tendencia fue continuada por el virrey Gabriel de
Avilés (1801 - 1806) quien
mandó establecer un servicio nocturno de “serenos”, efectuándose el
primer ensayo en el barrio de Monserrate. A estas alturas, bandoleros y
revueltas de corte separatista se iban acentuando, en medio de una aguda
crisis económica. La plebe urbana protagonizaba con mayor frecuencia los
actos de violencia y los delitos. La respuesta del sistema colonial fue la
de militarizar a la sociedad, incrementándose el ejército realista con
cuerpos de milicias que mantuvieron el orden y la seguridad en el campo y
en la ciudad, además de ser una medida aleccionadora para los muchos
desocupados que por entonces había. La experiencia de la seguridad nocturna que daban los serenos sería tomada por el Virrey José Fernando de Abascal (1806 1816), quien mejoró y aumentó el “Cuerpo de Serenos”, generalizando su servicio a toda la ciudad y dictando su respectivo reglamento para también crear un servicio diurno a cargo de celadores. Las milicias mencionadas le permitirían enfrentar el temporal separatista que comenzaba a venir auspiciado por la irrupción de Napoleón en la Metrópoli y la temporal supresión de la Casa Real gobernante. Las conspiraciones no se dejaron de esperar, si bien el triunfo de los liberales suprimió la Inquisición la cual se había constituido en una suerte de policía política, cubrió su ausencia organizando para sí una especie de Policía Secreta que le permitiera conjurar los peligros para el Orden Colonial. Ya en el ocaso del virreinato y con la expedición sanmartiniana a punto de desembarcar en las costas peruanas, el Virrey Joaquín de la Pezuela (1816 - 1821) estableció una especie de guardia urbana, a la que se denominó Reunión de fidelidad y literatura a fin de mantener el orden en medio de la incertidumbre política del momento, esfuerzo que acompañó del respectivo bando de gobierno como de instrucciones precisas para el accionar de los Alcaldes de Barrio.
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